Bordado en punto de cruz; tradición y empoderamiento
El bordado en punto de cruz es más que una técnica artesanal; es una tradición que se ha convertido en una expresión artística y un símbolo de empoderamiento para mujeres como María del Pilar Robles, conocida cariñosamente como Mari Pili. Desde hace 24 años, Mari Pili ha transformado este arte en una forma de expresar su identidad, creatividad y fortaleza. Para ella, cada puntada es un reflejo de su dedicación y una herramienta de liberación emocional.
La historia de Mari Pili y su pasión por el bordado
Mari Pili comenzó a bordar hace más de dos décadas, cuando nació su nieta, y lo que comenzó como un pasatiempo se convirtió en su refugio y su pasión. Hoy en día, esta autodidacta ha perfeccionado la técnica y ha completado cerca de 160 obras en punto de cruz, que incluyen imágenes religiosas, retratos, paisajes, e incluso recreaciones de obras de arte de grandes pintores como Vincent van Gogh. “Acabo de entregar un bordado que se llama Campos de Cipreses del pintor Vincent van Gogh, y es muy laborioso,” comenta Mari Pili, quien dedica horas o incluso meses a cada proyecto.
La técnica del bordado en punto de cruz
El punto de cruz es una técnica que consiste en hacer puntadas en diagonal, formando una figura en “x” sobre la tela, lo cual requiere precisión y paciencia. Cada obra puede tardar desde unas pocas horas hasta varios meses, dependiendo de su tamaño y complejidad. Además, Mari Pili suele añadir chaquira a sus bordados, lo cual aporta un brillo especial y vitalidad a sus piezas. “Esos puntitos son chaquira… el bordado para mí es todo,” comparte, dejando claro que cada detalle de sus creaciones tiene un significado especial.
Una tradición cultural adaptada por las comunidades indígenas
El bordado en punto de cruz llegó a América tras la conquista española, y las comunidades indígenas lo adoptaron como propio, integrando en él sus propias visiones y simbolismos. Este arte, que continúa vivo en muchas regiones de México, es un testimonio de la adaptación cultural y de la creatividad que se ha transmitido de generación en generación. Las piezas de Mari Pili no solo reflejan esta tradición, sino también su visión personal y sus experiencias de vida.
Empoderamiento a través del arte
Para Mari Pili, el bordado en punto de cruz es más que un pasatiempo; es una forma de empoderamiento y una manera de conectar con su entorno. “El bordado es todo para mí”, afirma. Además de embellecer su hogar, sus obras son manifestaciones de sus emociones y su visión artística. Hoy en día, Mari Pili busca compartir su pasión enseñando esta técnica a otros, traspasando así el legado del bordado en punto de cruz más allá de las paredes de su hogar.
Un legado cultural y personal
La historia de Mari Pili es un testimonio del poder del arte para sanar, empoderar y comunicar. Cada una de sus 160 piezas cuenta una historia, captura un momento o representa un recuerdo que se ha inmortalizado en sus puntadas. A través de su trabajo, esta bordadora no solo mantiene viva una tradición ancestral, sino que también demuestra que el arte puede ser una fuente de empoderamiento y una forma de expresión personal.