Narco-internet en Michoacán: Los Viagras controlan el acceso digital en comunidades rurales

Internet2

INFLUENCER GTO. En varias zonas de Michoacán, el acceso a internet ya no depende de una compañía de telecomunicaciones, sino de un grupo del crimen organizado. Los Viagras, una facción del Cártel de los Hermanos Sierra, han tomado el control del servicio digital en comunidades de Tierra Caliente, imponiendo pagos obligatorios a los habitantes a cambio de conectividad, en un modelo de extorsión cada vez más sofisticado.

La operación consiste en sabotear la infraestructura de empresas legales como Telmex y luego ofrecer su propio “servicio” de internet por cuotas mensuales que oscilan entre 400 y 500 pesos. Quienes se niegan o intentan denunciar el abuso, enfrentan amenazas directas.

Wi-Fi bajo amenaza: una nueva forma de control territorial

Según investigaciones de la Fiscalía de Michoacán y reportajes de medios locales, el grupo criminal instala antenas, repetidores y módems en zonas controladas, muchos de ellos colocados en viviendas vigiladas por integrantes del cártel. Desde ahí, brindan un servicio limitado de conexión a internet, exclusivamente para quienes cumplen con los pagos en efectivo.

A diferencia de los proveedores oficiales, este sistema no requiere contrato, pero sí someterse a las condiciones del narco, incluyendo el registro de datos personales. El temor y la presión hacen imposible rechazar el “servicio”. Algunos testimonios señalan que incluso se han impuesto cortes selectivos como castigo, o para forzar el pago de morosos.

Estudios preliminares estiman que este esquema ilegal podría estar generando ingresos mensuales de hasta 2.5 millones de pesos, tan solo en comunidades del sur de Michoacán.

Sabotajes a Telmex y vacío institucional

La principal afectada ha sido Telmex, cuya infraestructura ha sufrido múltiples ataques. En 2023, más de una decena de municipios reportaron interrupciones simultáneas de servicio, derivadas de cortes deliberados a cables de fibra óptica, con pérdidas que superan los 500 mil pesos.

Aunque las autoridades han realizado decomisos de equipos y arrestos menores, los esfuerzos no han logrado frenar la expansión del fenómeno. El crimen organizado ha ocupado el vacío de conectividad generado por el abandono del Estado, y lo ha transformado en un nuevo mecanismo de control social y recaudación criminal.

El narco ya no solo trafica: también «vende internet»

Este modelo no es un caso aislado. En otras regiones del país, cárteles han comenzado a imponer cobros por servicios cotidianos como sombra en las calles, uso de líneas telefónicas, e incluso por ver televisión por cable. El “narco-internet” representa la más reciente evidencia de cómo las organizaciones delictivas están avanzando hacia la gestión informal de los servicios públicos.

Más allá del impacto económico, el daño social es profundo: comunidades enteras quedan atrapadas en un sistema paralelo donde el derecho a la información, la educación digital y la comunicación básica dependen de estructuras criminales.

En contextos donde las escuelas requieren internet para actividades académicas o donde las familias se mantienen en contacto con migrantes en el extranjero, la dependencia del narco para conectarse a la red se convierte en una forma más de sometimiento.

Estado ausente, crimen presente

El caso revela con crudeza los límites de la estrategia de seguridad nacional, especialmente en estados como Michoacán. A pesar de los operativos federales y la presencia de la Guardia Nacional, muchos municipios permanecen sin autoridad real. El control lo ejerce quien puede ofrecer orden, aunque sea por medio del miedo.

En estas condiciones, la desconexión digital no es solo una carencia técnica, sino un reflejo del colapso institucional. Las promesas de conectividad universal contrastan con una realidad donde el acceso a internet es un privilegio que cobra el crimen organizado.

Conclusión: cuando el narco controla el futuro digital

El fenómeno del “narco-internet” es una señal alarmante del avance del crimen organizado en los rincones más vulnerables del país. Mientras las autoridades se concentran en incautaciones simbólicas, los cárteles construyen redes paralelas que sustituyen al Estado.

Recuperar la conectividad en Michoacán no es solo una cuestión de cables y módems: es una batalla por el derecho a la educación, la información y la libertad. Hasta que el Estado no garantice seguridad y servicios básicos, el crimen seguirá llenando los vacíos… incluso en el espectro digital.

About Author