¿Te has fijado quién habla de sí mismo como si fuera otra persona? No es locura, es psicología

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Hablar de uno mismo en tercera persona puede sonar a narcisismo, rareza o incluso a egocentrismo. Frases como “María no se rinde” o “Luis necesita un descanso” llaman la atención porque rompen con lo habitual: lo lógico sería decir “yo”. Pero este comportamiento, lejos de ser solo una extravagancia, ha sido profundamente estudiado por la psicología. Y lo que se ha descubierto es más interesante de lo que parece.

¿Qué significa hablar de uno mismo en tercera persona?

Según diversos estudios, hablar de uno mismo en tercera persona puede estar relacionado con una capacidad de distanciamiento psicológico. Esto permite observar las emociones y los pensamientos como si vinieran de fuera, lo que facilita una mejor autorregulación emocional.

La frase clave hablar de uno mismo en tercera persona se repite constantemente en investigaciones sobre autocontrol. Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Michigan demostró que quienes hablaban de sí mismos como si fueran otro, tomaban decisiones más racionales en momentos de estrés.

¿Locura, ego o madurez emocional?

Aunque para muchos pueda parecer egocéntrico o inmaduro, hablar de uno mismo en tercera persona es, en muchos casos, un mecanismo de afrontamiento. Es una estrategia que permite a la mente generar una especie de “distancia emocional” ante situaciones difíciles. Y eso tiene beneficios:

  • Reducción del estrés: ayuda a separar el “yo” emocional del “yo” racional.
  • Autocompasión: permite tratarse con la misma amabilidad que usaríamos con un amigo.
  • Toma de decisiones más clara: ver la situación como si le ocurriera a otra persona permite evaluar mejor las opciones.

¿Quiénes suelen hacerlo?

No solo los personajes públicos o las celebridades caen en este hábito. También lo hacen niños pequeños, personas en terapia psicológica o quienes han vivido traumas. Incluso deportistas de élite recurren a este tipo de lenguaje para mantenerse enfocados.

Un ejemplo claro es el de atletas que, al hablar con los medios, dicen cosas como “Carlos está enfocado en ganar el oro”. Detrás de esa construcción lingüística hay un refuerzo de identidad y determinación.

¿Hablar de uno mismo en tercera persona es siempre sano?

No necesariamente. Si bien en muchos casos es una herramienta positiva, también puede ser síntoma de problemas más serios cuando se convierte en una constante sin conciencia de ello. En contextos clínicos, hablar de uno mismo en tercera persona puede estar relacionado con trastornos disociativos o estados psicóticos, aunque eso depende del grado y el contexto.

La psicología lo respalda (y lo explica)

Hablar de uno mismo en tercera persona ha sido un tema de interés para psicólogos cognitivos y sociales. Ethan Kross, uno de los investigadores más reconocidos en este campo, señala que esta técnica puede aumentar la inteligencia emocional y reducir la rumiación.

Así que la próxima vez que escuches a alguien decir “María va a salir adelante”, tal vez no esté siendo egocéntrica… tal vez esté haciendo lo necesario para sobrevivir emocionalmente.


¿Conclusión? Hablar de uno mismo en tercera persona no es solo una curiosidad lingüística, es una herramienta de la mente para afrontar el mundo. No es que alguien quiera sonar importante, es que quizá esté intentando entenderse mejor a sí mismo.

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